REFLEXION

Era joven, rico y de una moralidad ejemplar. Pero le faltaba una cosa: la vida eterna. Y estaba junto a Aquel que la da, Jesús, el Hijo de Dios, quien le invitaba a demostrar si la vida eterna tenía para él más valor que sus riquezas. Desgraciadamente, “se fue triste, porque tenía muchas posesiones” ( Mateo 19:22).

Herodes había escuchado muchas veces con sumo interés de Juan el Bautista; “oyéndole, se quedaba perplejo, pero le escuchaba de buena gana” (Marcos 6:20). Pero cuando Juan le dijo que debía anunciar a la culpable relación que tenía con su cuñada, Herodes rehusó.

El rey Agripa dijo al apóstol Pablo, después que éste hubo relatado su conversión y predicado el Evangelio: “Por poco me persuades a ser cristiano” (Hechos 26:28). Casi persuadido... pero se levantó y se fue dejando a Pablo prisionero.

Quizás el lector fue educado en la religión cristiana, fue bautizado y conoce la Palabra de Dios... y, sin embargo, le falta lo esencial. Es casi salvo... pero está todavía perdido. ¿Qué le falta? La fe en la obra expiatoria del Salvador. Un objeto que se le ofrece le pertenece solamente cuando usted tiende la mano para recibirlo. Para ser salvo, es necesario: - Por parte de Dios la gracia que le ofrece, aún hoy, esa salvación por medio de Jesucristo; - De parte suya, la fe que se apodera de ella... ¡y que agradece!.